A mí me encanta hablar (¿cierto Edgar?), y por eso, temo decirles que me cuesta escuchar. Pero este año quiero realmente retomar algo que he traído en la cabeza desde hace mucho tiempo: aprender a escuchar, pero a escuchar de verdad, a enfocarme en las palabras de la persona que me habla, a no interrumpir sus enunciados, a no ignorarlos o pretender escucharlos, ni tampoco a escuchar selectivamente. Quiero aprender a escuchar de manera atenta y empática, con el corazón. ¿Y saben por qué? Porque últimamente me he vuelto más sensible a las personas que no me escuchan, que me interrumpen o que simplemente no registran nada de lo que estoy diciendo. ¡Es terrible! Y lo peor de todo es que yo peco de lo mismo, sobre todo cuando hablo mientras trabajo en la computadora o estoy haciendo otras cosas... pero ya no más.
En un libro de Sam Harrison sobre a creatividad listan los 7 pecados capitales de las personas que no saben escuchar:
1. Prejuzgar lo que la otra persona está apunto de decir.
2. Criticar en silencio a la otra persona o lo que ésta dice mientras habla.
3. Pensar en lo que vamos a decir después.
4. Interrumpir a la otra persona.
5. Rendirse ante las distracciones que nos rodean.
6. Terminar los pensamientos de la otra persona... en voz alta.
7. Desconectarse por completo.
Culpable, culpable, culpable, culpable, culpable, culpable y culpable.
Así es que a escuchar se ha dicho. Después de todo, escuchar es la manera más maravillosa de entender a los demás, de descubrir sus sueños y sus aspiraciones, de entender sus miedos y sus tristezas, de acercarnos más a los seres que amamos.
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Asì es Adrianan,me gustò lo que leì me recordò a MOMO la niña del libro de Michael Ende,donde me dice la forma tan descriptiva el placer que sienten las personas cuando son escuchadas.
ResponderEliminarDefinitivamente saber escuchar es un virtud.YO QUIERO HOY SABER ESCUCHAR! SI!
Culpable,culpable,culpable,culpable. A cerrar la boca! Yola
Pues igualmente, es MUY difícil escuchar de verdad. ¡Vaya que si lo sabemos nosotras dos que tanto hablamos! Pero nos sólo les cuesta trabajo escuchar a los parlanchines, también es una tarea difícil para muchas de las personas que etiquetamos como calladas, absortas siempre en sí mismas.
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