Pues sí, a veces el trabajo y otras cosas nos absorben tanto que no hay tiempo... de tener tiempo. Tiempo para leer los dos libros que se quedaron en la mesita de noche desde antier (Crónicas de Bosnia de Ivo Andric y Sailing the Wine-Dark Sea the Thomas Cahill, ambos sobre do culturas mediterráneas: la bosnia y la griega, respectivamente) con el separador de libros en el mismo lugar; tiempo para hacer un pan de soda, típico pan de Irlanda que quiero tener listo junto con una sopa Colcannon, también de la Isla Esmeralda, para recibir a Edgar que vuelve mañana de Buenos Aires y que tanto se le extraña; tiempo para pasear a mi perro por más de 20 minutos; y claro, tiempo para escribir en el blog, entre otras miles de cosas en mi lista.
Así que me despido con una fotografía de un pastel que hice la semana pasada (porque ésta no tuve tiempo). Tenía planeada una entrada sobre los pasteles de chocolate y la historia del ganache... pero ya será otro día.
Éste es un pastel de chocolate llamado "All American Chocolate Torte". Tiene poca harina y mucho chocolate derretido. Es delgado, pero llenador, y no muy dulce. Perfecto con un café fuerte en las mañanas o como postre con una copa de vino blanco... o un buen helado de vainilla, con leche entera orgánica ¡y vainilla de Papantla!
Como siempre, pueden solicitar la receta por aquí. ¡Hasta mi próximo tiempo libre!
miércoles, 10 de febrero de 2010
jueves, 4 de febrero de 2010
Del horno: Scones
Hoy horneé scones, un panecillo delicioso, entre dulce y salado, originario de Escocia, pero internacionalizado por los ingleses. Es un elemento esencial de la "hora del té", pero nosotros nos los comemos igual con un té inglés o con un buen café.
Se le puede agregar de todo a la receta básica, como ralladura de naranja, chispas de chocolate, jengibre, maple o nueces, pero a mí me gustan con pasitas y con más sal que azúcar. Son deliciosos acompañados de una buena mantequilla y mermelada o conservas hechas en casa.
Son facilísimos de preparar, no se requiere ningún ingrediente sofisticado y se hornean en menos de 20 minutos. Si a alguien le interesa la receta, con gusto se las paso. Pídanmela por correo o por medio de un comentario aquí. Pueden hacerla un domingo y les rinde toda la semana (salen todos los que ven en la foto del platón). Son buenísimos, y lo mejor es que la casa acaba oliendo delicioso.
Se le puede agregar de todo a la receta básica, como ralladura de naranja, chispas de chocolate, jengibre, maple o nueces, pero a mí me gustan con pasitas y con más sal que azúcar. Son deliciosos acompañados de una buena mantequilla y mermelada o conservas hechas en casa.
Son facilísimos de preparar, no se requiere ningún ingrediente sofisticado y se hornean en menos de 20 minutos. Si a alguien le interesa la receta, con gusto se las paso. Pídanmela por correo o por medio de un comentario aquí. Pueden hacerla un domingo y les rinde toda la semana (salen todos los que ven en la foto del platón). Son buenísimos, y lo mejor es que la casa acaba oliendo delicioso.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Un rincón en un rincón de Buenos Aires
Una contribución de Edgar directo desde Buenos Aires
-Servido caballero- dice el mozo mientras coloca un inmenso plato de fabada asturiana en el centro de la mesa. -Pero si le pedí media porción- le contesté preocupado al ver la bomba que me hacía ojitos. -Correcto, media porción.
Mientras me las ingenio para atacar este platazo de alubias, morcilla, panceta, orejas y demás partes del cerdo observo un juego de fútbol entre el Vélez y el Arsenal en un televisor que cuelga frente a mí. El partido es malo, muy parecido a los de México: lento y desorganizado. De repente, el “Burrito” López anota el primer gol del encuentro. ¡Gol! Gritan los pocos comensales que se encuentran en el lugar ¡y es que a penas acababan de abrir! En Buenos Aires la gente cena tarde, muy tarde, tipo 10:30pm – 11:00pm. No sé cómo le hacen para ir a “laburar” al otro día, o cómo no están gordos.
En las paredes cuelgan imágenes raras: el retrato de Francis Ford Coppola; un certificado de permiso de 1952 tan viejo como las latas de conservas que suspiran cada vez que alguien se asoma a la puerta; un letrero que dice “Hay jamón crudo de las Sierras Cordobesas”; un escudo de la ciudad de Zaragoza y otro muy curioso: un escudo con una cruz amarilla en fondo azul que dice: “Franco”. Desconozco si se trata del apellido o del dictador.
Mientras sigo comiendo (el plato parece interminable) y sin razón alguna, recuerdo la historia de Matutín que escuché esta mañana en la radio: se trata de un niño huérfano Haitiano de 2 años, al cual una valiente Argentina de 52 está tratando de adoptar. Lo irónico es que el proceso puede durar hasta 10 años y para entonces Matutín será un preadolescente. Ojalá lo logre y un día visite este lugar.
Mientras me sirvo un poco de cerveza Quilmes la persona junto a mí pide dos hesperidinas, un aperitivo argentino elaborado con corteza de naranjas amargas. ¡Mierda! ¡Por qué no pedí eso! La magia del momento es interrumpida por el grito repentino de los comensales celebrando el segundo de “El Burrito”- Este pibe puede ser como Mecí- comenta un cocinero que ha venido corriendo desde la cocina al escuchar los gritos de la gente. Yo pido la cuenta y salgo sin antes despedirme de los mozos, que aunque muy serios y lentos, me han tratado bien.

Afuera Buenos Aires camina, suda y respira. Polleras (faldas) y remeras (playeritas) cortas flotan en el aire húmedo y caliente del sur invadiendo las calles. No es difícil imaginar a Borges viviendo aquí, aunque estuviera ciego.
Edgar Hernández
-Servido caballero- dice el mozo mientras coloca un inmenso plato de fabada asturiana en el centro de la mesa. -Pero si le pedí media porción- le contesté preocupado al ver la bomba que me hacía ojitos. -Correcto, media porción.
Mientras me las ingenio para atacar este platazo de alubias, morcilla, panceta, orejas y demás partes del cerdo observo un juego de fútbol entre el Vélez y el Arsenal en un televisor que cuelga frente a mí. El partido es malo, muy parecido a los de México: lento y desorganizado. De repente, el “Burrito” López anota el primer gol del encuentro. ¡Gol! Gritan los pocos comensales que se encuentran en el lugar ¡y es que a penas acababan de abrir! En Buenos Aires la gente cena tarde, muy tarde, tipo 10:30pm – 11:00pm. No sé cómo le hacen para ir a “laburar” al otro día, o cómo no están gordos.
Estoy en “El Preferido de Palermo” un típico bodegón español que propone un ambiente básico, sin lujos e incómodo (seguramente para que la gente coma y se vaya). Ubicado en la Calle Borges 2108, (misma que lleva el nombre del poeta que vivió en frente) este lugar sirve clásica comida española y porteña: jamón, sopas, callos, arroces, cazuelas de mariscos...
Mientras me sirvo un poco de cerveza Quilmes la persona junto a mí pide dos hesperidinas, un aperitivo argentino elaborado con corteza de naranjas amargas. ¡Mierda! ¡Por qué no pedí eso! La magia del momento es interrumpida por el grito repentino de los comensales celebrando el segundo de “El Burrito”- Este pibe puede ser como Mecí- comenta un cocinero que ha venido corriendo desde la cocina al escuchar los gritos de la gente. Yo pido la cuenta y salgo sin antes despedirme de los mozos, que aunque muy serios y lentos, me han tratado bien.

Afuera Buenos Aires camina, suda y respira. Polleras (faldas) y remeras (playeritas) cortas flotan en el aire húmedo y caliente del sur invadiendo las calles. No es difícil imaginar a Borges viviendo aquí, aunque estuviera ciego.
Edgar Hernández
El museo de los robots
Me encantan los objetos modernos y divertidos, de esos que sólo de verlos te ponen de buen humor. Hay una tienda/taller que se llama Museum of Robots que fabrica accesorios domésticos con diseños súper divertidos. Todos sus objetos están inspirados en los robots, lo que los hace futuristas y “retro” a la vez, y transmiten esa nostalgia con aspiraciones de modernidad de los 50 y los 60 que tanto me gusta. Además, todo lo que hacen es ecológico y de edición limitada, así que al comprar algo de ellos estás adquiriendo también una pieza de arte funcional.
Me encantaría que aterrizara este platillo volador sobre mi mesa...
O éste...
¿Y qué me dicen de este salero y pimentero intergalácticos?
Aquí les va el enlace: museumofrobots.com
domingo, 31 de enero de 2010
Das weisse Band
Hace un par de semanas vi una película que me encantó. Claro, iba con ciertas expectativas porque esta película ganó la Palm D'Or en el Festival de Cannes de este año. No sé cómo le irán a poner en español (¿El listón blanco?), pero como sea que la bauticen, esta película es bellísima y aterradora a la vez. No sé mucho de cine, pero sí sé cuando algo me gusta, y este film del director austriaco Michael Haneke me puso los pelos de punta.
La película es en blanco y negro, y muy a tono, comienza con una pantalla blanca y cierra con una pantalla negra. La historia se desarrolla en un pueblito alemán muy religioso antes de la 1ra. Guerra Mundial donde un maestro de escuela, aparentemente judío, recuenta los sucesos de un puñado de meses que vivió ahí en su juventud.
El pueblo, inusualmente silencioso, comienza a llenarse sucesos siniestros, accidentes, incendios, niños golpeados y torturados, y siempre cerca de cada incidente, un grupo de niños extrañamente callados y maliciosos, dispersando su maldad como plaga.
Al terminar la película, que es como un eterno suspenso, te quedas con más preguntas que respuestas y no puedes más que preguntarte qué pasará con estos niños cuando crezcan, sobre todo si nos ponemos a pensar que cuando tengan alrededor de 30 van a estar ya bajo la influencia de Hitler.
La película es en blanco y negro, y muy a tono, comienza con una pantalla blanca y cierra con una pantalla negra. La historia se desarrolla en un pueblito alemán muy religioso antes de la 1ra. Guerra Mundial donde un maestro de escuela, aparentemente judío, recuenta los sucesos de un puñado de meses que vivió ahí en su juventud.
El pueblo, inusualmente silencioso, comienza a llenarse sucesos siniestros, accidentes, incendios, niños golpeados y torturados, y siempre cerca de cada incidente, un grupo de niños extrañamente callados y maliciosos, dispersando su maldad como plaga.
Al terminar la película, que es como un eterno suspenso, te quedas con más preguntas que respuestas y no puedes más que preguntarte qué pasará con estos niños cuando crezcan, sobre todo si nos ponemos a pensar que cuando tengan alrededor de 30 van a estar ya bajo la influencia de Hitler.
jueves, 28 de enero de 2010
A cerrar la boca
A mí me encanta hablar (¿cierto Edgar?), y por eso, temo decirles que me cuesta escuchar. Pero este año quiero realmente retomar algo que he traído en la cabeza desde hace mucho tiempo: aprender a escuchar, pero a escuchar de verdad, a enfocarme en las palabras de la persona que me habla, a no interrumpir sus enunciados, a no ignorarlos o pretender escucharlos, ni tampoco a escuchar selectivamente. Quiero aprender a escuchar de manera atenta y empática, con el corazón. ¿Y saben por qué? Porque últimamente me he vuelto más sensible a las personas que no me escuchan, que me interrumpen o que simplemente no registran nada de lo que estoy diciendo. ¡Es terrible! Y lo peor de todo es que yo peco de lo mismo, sobre todo cuando hablo mientras trabajo en la computadora o estoy haciendo otras cosas... pero ya no más.
En un libro de Sam Harrison sobre a creatividad listan los 7 pecados capitales de las personas que no saben escuchar:
1. Prejuzgar lo que la otra persona está apunto de decir.
2. Criticar en silencio a la otra persona o lo que ésta dice mientras habla.
3. Pensar en lo que vamos a decir después.
4. Interrumpir a la otra persona.
5. Rendirse ante las distracciones que nos rodean.
6. Terminar los pensamientos de la otra persona... en voz alta.
7. Desconectarse por completo.
Culpable, culpable, culpable, culpable, culpable, culpable y culpable.
Así es que a escuchar se ha dicho. Después de todo, escuchar es la manera más maravillosa de entender a los demás, de descubrir sus sueños y sus aspiraciones, de entender sus miedos y sus tristezas, de acercarnos más a los seres que amamos.
En un libro de Sam Harrison sobre a creatividad listan los 7 pecados capitales de las personas que no saben escuchar:
1. Prejuzgar lo que la otra persona está apunto de decir.
2. Criticar en silencio a la otra persona o lo que ésta dice mientras habla.
3. Pensar en lo que vamos a decir después.
4. Interrumpir a la otra persona.
5. Rendirse ante las distracciones que nos rodean.
6. Terminar los pensamientos de la otra persona... en voz alta.
7. Desconectarse por completo.
Culpable, culpable, culpable, culpable, culpable, culpable y culpable.
Así es que a escuchar se ha dicho. Después de todo, escuchar es la manera más maravillosa de entender a los demás, de descubrir sus sueños y sus aspiraciones, de entender sus miedos y sus tristezas, de acercarnos más a los seres que amamos.
martes, 26 de enero de 2010
El 10 11
Una nueva banda fantástica... sin palabras. Literalmente: su música no tiene letra. Son sólo dos tipos con una batería, un bajo/guitarra de doble cuello y muchos pedales que hacen “loops”. Súper chido. ¡Bienvenidos a nuestro Ipod El Ten Eleven! (Gracias por otro gran descubrimiento Edu Jam).
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